domingo 28 de junio de 2009

Decadencias

De vez en cuando, por algún curioso azar, van apareciendo en el mercado editorial pequeñas joyas sobre una temática determinada. En este caso la cuestión es la disolución de la civilización que supuso el final del XIX y el periodo inmediatamente anterior a la I Guerra Mundial.
Dentro de mi proyectado e inminente periplo alemán de este estío, del que daré buena cuenta a través de estas páginas, tengo como hito fundamental una visita a Lübeck. Quizá alguno se pregunte por qué esta ciudad. Pues bien, la razon fundamental es ver la Buddenbrookshaus, donde vivió Thomas Mann y donde se halla un museo en torno a esta gran figura de la literatura europea que no es muy bien conocida en España.
Los Buddenbrook lleva como subtítulo Verfall einer Familie (decadencia de una familia) y en ella se asiste no sólo a dicha decadencia, sino a la de una civilización "que se fue con el viento". Pues bien, sobre ello insiste una pequeña joya que estoy leyendo ahora "Un verano en Lesmona" de Marga Berck, cuidadosamente, como siempre, editada por Acantilado. Dicho libro fascino al propio Mann, empujándole a establecer correspondencia con la autora.
Por otro lado, veo con gusto que ha aparecido un nuevo volumen donde se asiste al nuevo acontecimiento, y que mañana iré a buscar chez Organvídez para deleitarme igualmente: Los días contados de Miklos Bánffy, editado por Libros del Asteroide.
Por último, no quiero dejar de recomendarles "Afinidades vienesas", que fue premio Anagrama de ensayo y que me descubrió mi amigo Barberán.
Así que, habida cuenta de que estoy con el primer volumen de la Recherche, que Jünger aguarda en mi estantería y que pretendo leer todo lo anterior, me temo Larsson que tendrás que esperar.

sábado 28 de marzo de 2009

Primera estación


Dudé mucho sobre cuál debía ser mi primera entrada y finalmente adopté la que fue mi primera opción, dedicársela a la publicación postuma del libro de Alberto Fernández Bañuls "Tu mirada y la nuestra" publicado en la editorial Bosque de Palabras. Podría, desde un punto de vista subjetivo decir muchas cosas buenas sobre él, pero ciñéndome a la mera objetividad diré lo siguiente:
- Su prosa resulta elegante, sobria y a la vez evocadora.
- No es el típico libro sobre Semana Santa, sino que refleja una hondura y ausencia de tópicos manidos que lo alejan de la mayoría de las cosas que se han publicado hasta ahora
- Su calidad literaria es indiscutible
- Presenta una hondura espiritual que en absoluto lo aleja de lo que pueda apreciar la media de lectores, pero que va más allá de lo que muchos de estos lectores son capaces de intuir por sí solos.
- Nos hace un gran favor a los que huímos de lo vacuo, del horror costaleril, de la sensiblería, y de la comercialización de la Semana Santa, que se plasma en subproductos musicales que suenan fundamentalmente a atasco en Torneo. De las literarias mejor ni hablamos.
En fin, creo que he dado razones objetivas suficientes para animar a su lectura a cofrades (para los de verdad debería ser lectura obligatoria) y lectores en general. Léanlo.